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Sack

Josue David Chavez Vela

Tepeji del Rio

Óleo

Yara & Naha

Óleo

Yaha

Esta pintura en la tabla de skate presenta una figura femenina con un rostro en tonos azules, adornada con maquillaje y accesorios culturales. Tiene un peinado vibrante con flores y otros adornos, y en el fondo se observan elementos que evocan diversidad y conexión con la naturaleza, como mariposas y símbolos coloridos.
En un rincón mágico del mundo, existía una mujer llamada Yara, la Guardiana de los Colores. Ella poseía el poder de transformar el mundo a través del arte y las tradiciones ancestrales. Su piel azul representaba su conexión profunda con el agua y la tierra, fuentes de vida y diversidad.
Yara llevaba en su cabello flores que tenían el espíritu de los bosques y mares,
simbolizando la armonía entre los seres vivos. Sus ojos, llenos de sabiduría, veían más allá del presente; discernían la importancia de mantener vivas las raíces culturales y naturales.
Un día, decidió recorrer su tierra para revivir las tradiciones que estaban desapareciendo con el tiempo. A través de sus pinturas y danzas, enseñó a su comunidad la importancia del respeto hacia su historia y entorno. La presencia de conejos, venados y símbolos vibrantes mostraba la belleza que reside en la diversidad y la unidad.
Yara se convirtió en un símbolo de esperanza y recuerdo, recordando a todos que al preservar nuestras raíces, también preservamos nuestro futuro. Su historia continúa inspirando a quienes buscan
conectar con su esencia y proteger lo que
es sagrado.

Naha
Esta imagen muestra una pintura en una tabla de skate. En el centro, hay una figura humanoide con piel azul, alas de mariposa y cuernos de ciervo. Está sentada sobre una superficie de agua con calaveras, bajo un cielo verde con una luna llena.En un mundo donde la naturaleza y lo sobrenatural se entrelazan, existía una criatura llamada Naha. Ella era conocida
como la Guardiana de los Bosques Nocturnos, un ser mágico nacido de la unión entre el espíritu del aire y la tierra. Sus alas doradas y cuernos plateados simbolizaban su conexión con el cielo y la tierra.Cada noche, Naha surgía cuando la luna llena iluminaba el cielo. Su misión era proteger el equilibrio entre las criaturas del bosque y guiar a las almas perdidas hacia su descanso eterno. Las calaveras representaban aquellos que habían encontrado paz gracias a su guía. Un día,
un cambio en el cosmos amenazó con romper esta armonía. Naha debía encontrar el origen del desequilibrio y restaurar la tranquilidad antes de que la luna desapareciera del cielo. Su viaje la llevó a descubrir que no estaba sola; otras entidades sobrenaturales también buscaban proteger el mundo que habitaban.Armada con su sabiduría y habilidades mágicas, Naha unió fuerzas con estas criaturas, demostrando que solo a través de la colaboración podían salvar su hogar. Y así, bajo la luz de la luna, el equilibrio fue restaurado, manteniendo la paz en el misterioso bosque nocturno

 

Sack

Josue David Chavez Vela

Desde muy joven, a los 15 años, descubrí mi pasión por el arte en las calles de mi ciudad. Lo que
empezó como una forma de expresión clandestina, un spray en la pared aquí y allá, pronto se
convirtió en mi identidad. El graffiti me permitió transformar muros grises en explosiones de color,
contando historias, luchas y sueños de mi comunidad.
Pero no solo me quede en las calles. Con el tiempo, mi talento y visión artística, me llevaron a
explorar obras murales a gran escala, donde cada trazo reflejaba mi visión del mundo y sus raíces.
Mis murales no solo adornaban muros, sino que también despertaban conciencia, esperanza y
orgullo.
A medida que crecí, mi pasión por el arte creció también. En la búsqueda de perfección y expresión
más profunda, comencé a trabajar en lienzos en óleo. Ahí, en la tranquilidad del estudio, mezclaba
colores y texturas, dando vida a obras que reflejaban mi alma y filosofía: la lucha constante por la
libertad, la alegría en la diversidad y la fuerza de la cultura.

Mi versatilidad, combinando el arte urbano con la delicadeza del óleo, lo convirtió en un puente
entre dos mundos: lo callejero y lo clásico. Para mi, cada muro y cada lienzo son espacios donde
puede contar historias, dejar mi marca y conectar con las personas en un idioma universal: el arte.

Hoy, a mis 35 años, sigo creciendo como artista, aprendiendo, innovando y dejando su huella en
cada rincón. Porque para mi, el arte no tiene límites y mi misión siempre será inspirar a otros a ver
el mundo con los ojos del color y la creatividad.